La Croisière Blanche, un patrimonio off-road que hay que salvar
| Gerard Gil | 4x4digital.com | 02.02.2010 |
|
La Croisière Blanche 2010 logró sobrevivir a los envites ecologistas, que nuevamente procuraron dilapidar el evento con nuevas tretas legales a dos días de su comienzo. Esta vez todo estaba bien atado para que los cerca de 500 aficionados que se congregaron en Orcières (Altos Alpes) pudieran disfrutar durante cuatro días de una de las travesías motorizadas sobre nieve más bellas del Continente.
Había expectación y algunas dudas sobre cómo Les Grands Randonneurs Motorises (GRM), el club que organiza la Croisière Blanche, habrían esquivado los problemas que terminaron con la cancelación de la anterior edición por orden judicial.
Entre tanto ha habido un juicio, que por cierto ganaron los GRM, y muchas idas y venidas a juzgados, despachos de abogados y administraciones públicas. Sacar adelante la 33ª Croisière Blanche se había convertido en un reto legal, más que en una proeza organizativa. Estaba en juego no sólo el porvenir del que hasta la fecha es el acontecimiento invernal off-road de referencia en Europa, sino también la posibilidad de seguir practicando una afición en peligro de extinción.
Con el fin de asegurar la viabilidad y legalidad del evento, los GRM se acogieron a una nueva fórmula administrativa que contemplaba la limitación de participantes a no más de 400 vehículos (el máximo que establecen las leyes francesas para pruebas no deportivas). Pero lo cierto es que no hizo falta sacar las tijeras; a un día de arrancar la edición 2010, en la web de la Croisière se anunciaban plazas libres para inscribirse, cuando en otras ocasiones un mes antes ya estaban todas las plazas cubiertas.
Este año apenas se presentaron 500 participantes en un total de 260 vehículos (150 todoterrenos, 90 quads, 10 side-by-side y 10 motos), unas cifras que aun siendo espectaculares contrastan con las 700 personas y 350 vehículos de 2009. Nadie en la organización dudó en señalar las trifulcas de los ecologistas como motivo principal del descenso de inscritos, aunque a buen seguro la crisis económica habrá tenido también algo que ver en todo ello.
Quizá eso haya mermado la presencia de extranjeros en una edición menos internacional. Además de franceses, por supuesto, esta vez sólo ha habido presencia de ingleses, belgas, un par de italianos y un grupo de quince españoles repartidos en siete coches -todos Land Rover, por cierto-, sin contar nuestro Toyota.
Diversión y camaradería en la nieve
Como es habitual, la Croisière arrancó con una etapa prólogo de unos 20 kilómetros con punto de partida en la pequeña localidad de Sant Firmin. Tras las verificaciones, sólo quedaba montar las cadenas de nieve y comenzar la ruta que sirvió de primera toma de contacto para que cada uno pudiera comprobar su nivel ante las dificultades del recorrido y empezara a adaptarse al blanco elemento.
Todo estaba cubierto por una densa capa de nieve, pero el exceso de celo por no dar motivos a los que intentan acabar con la Croisière restó dificultad a los 4x4. Antes de comenzar, la organización pasó las máquinas quitanieves, por lo que se dieron menos atascos que en otras ocasiones. Además, varias de las pistas que antaño se recorrían en sentido ascendente se hicieron de bajada. Hubo menos enganchadas, pero las hubo: coches hundidos en profundas roderas; totalmente empanzados; unos y otros ayudándose para desatascar los vehículos tirando de eslingas, cavando con las palas o los picos, o como último recurso arrastrando con los cabestrantes.
En cualquier caso, uno de los denominadores comunes de la Croisière Blanche es el compañerismo y espíritu de camaradería que aflora entre los participantes. Da igual la nacionalidad, a la hora de palear todos arriman el hombro, y a la hora de reír por las continuas bromas todos se ríen, no importa el idioma. Por unos días se establecen lazos de amistad que, junto a la superación de los obstáculos, al frío que hay que soportar, y al cansancio, acaban produciendo una grata sensación de satisfacción que se convierte en nostalgia cuando uno toma el camino de regreso a casa. Algunos, los más afortunados, recorrerán sólo cientos de kilómetros, otros miles. Y en la mente un único pensamiento: regresar en 2011, si Les Grands Randonneurs Motorises logran mantener vivo un evento sin parangón cada vez más difícil de hacer realidad.
Más información:
• www.grmfrance.com
Información complementaria:
• Edición 2009


© Gerard Gil












