Nunca una ruta había sido tan literal como está haciéndole honor al título. Fue como una predicción de lo sucedería durante su celebración el pasado mes de enero por tierras pucelanas.
Tras las abundantes lluvias que durante los meses de diciembre y enero estuvieron regando de manera insistente nuestros campos, había cierto temor por que se “cerrase el grifo” al retomar las actividades tras las vacaciones de Navidad. Finalmente no fue así, e incluso durante las noches anteriores la lluvia se encargó dejar las pistas “al dente”.
Ya en ruta, la primera pista la encontramos llena de bañeras y roderas, antes de entrar en zona de pinares -también inundados- con gran cantidad de giros y casillas y en la que teníamos que estar muy pendientes del rutómetro. El agradable aroma de los pinos empapados y los charcos de las pistas consiguieron que olvidásemos las polvaredas sufridas en rutas anteriores.
En la primera zona jugosa del día: una pendiente de abundante arena que al coronar contenía una trampa de arena, el Grand Cherokee de Eduardo quedó abducido. Hubo que recurrir al winch del Toyota 105 de Juanma, y a la pala, para retirar de la panza del coche la prisión que le retenía. Tras celebrar todos la necesidad del uso del material de desatasco, enseguida venía una subida de arcilla de color rojo intenso, realmente complicada por causa de la insistente lluvia que caía en ese momento. Imprescindible volanteo a golpe de pedal y un poco de pericia hacían que pudiésemos conseguir trepar a lo más alto, para continuar después por bastos arenales algo apelmazados por la lluvia. Los de la cola del pelotón fueron los que más disfrutaron de estas zonas por lo que hábilmente se iban turnando los unos y los otros.
Tras las risas del divertido tramo, tocaba hilar fino y trazar suave por una embarrada pista que, paralela a un barranco de 200 metros de caída, estaba formado por el cauce del río Eresma. Con la trazada a escasos diez centímetros del borde, todos contuvimos la respiración hasta que una curva nos alejó definitivamente del abismo y llegó la zona “VIP” de la ruta: una subida radical de solo 25 metros pero muy intensa y que, a priori, solo parecía superable por vehículos con bloqueo o elevada potencia pues la cresta se las traía. Al final, casi todos los intrépidos que lo intentaron tuvieron su recompensa en forma de aplausos y vítores por parte de los compañeros que, cámara en mano, esperaban en la parte superior el desenlace del envite.
Julio, con el Montero, nos dejó a todos con el corazón en un puño al dejar su vehículo a escasos centímetros de la cresta y cruzado. Acto seguido, todos los participantes sin excepción realizaron el mismo tramo pero de bajada, que tampoco era fácil por causa de un gran socavón y la cantidad de barro acumulado. Tras unas cuantas roderas, charcos y varios tramos por los pinares de la zona, algunos también con bastante arena, llegó el momento de la comida en uno de esos pinares y de un buen rato de merecido relax.
La primera mitad de la ruta combinaba pistas de arenales inmensos con otras repletas de bañeras y barro. Tras la comida, y para evitar la “modorra” de la digestión, tocaba una pista muy resbaladiza donde que se cruzase el coche era lo más normal. Tuvimos que conducir muy fino durante un divertido tramo de diez kilómetros por auténticas pistas de patinaje entre campos de remolacha y las zanjas inmensas provocadas por los tractores nos mantuvieron realmente entretenidos durante el resto de la tarde… no exento de problemas.
Tras un tramo que parecía más complejo de lo que realmente tuvimos que soportar, parecía llegar una zona segura que finalmente se convirtió en una trampa de barro y piedras. Los coches se hundían sin remisión hasta la panza en un terreno lleno de inmensas roderas donde el Montero DiD de Javi, llegado desde Palencia, rompió las dos llantas traseras y tuvo que ser “escoltado” por la organización a un lugar donde una grúa pudiese hacerse cargo del mismo…
Negro y denso barro también al final de la ruta, antes de llegar a Rueda, localidad famosa por sus vinos y final de la aventura en este caso. También el lugar donde limpiar las matrículas y las ópticas para poder circular por carretera de regreso a casa y donde la entrega de carnets y camisas a los nuevos socios del Club y el habitual sorteo de regalos de los colaboradores: Ser 4x4 y Ferretería Vaes ponía punto final a la jornada. Tras repartir un crianza de Rueda cedido por la organización en la despedida nos emplazados, como no, para la siguiente ruta. ¿Cuándo podemos apuntarnos ? fue el comentario más escuchado antes de entrar en los coches…
Para la próxima, nos vemos en tierras abulenses.
texto y fotos enviados a TE CUENTO:
Andrés Sánchez – Club Agreste 4x4
Más información:
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